Café, conversación...

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lunes, 24 de diciembre de 2007

Noche de Paz


Agarraba su fusil como si fuera lo único que le quedaba en este mundo. Eso y la andrajosa manta con la que cubría sus hombros sentado en aquella trinchera sobre el barro helado en medio de otro centenar de muchachos que miraban hacia el infinito, añorando su hogar con la misma intensidad que él.

Una mano le tendió un paquete de cigarrillos desde la oscuridad y tomó uno. Lo encendió, cubriendo el fósforo con la cuenca de la mano y se llenó los pulmones de humo, sintiendo como el calor le inundaba paulatinamente por dentro. Se recostó y contempló las estrellas y aún se preguntaba de qué estaban hechas cuando notó que le daban un codazo.

Mira eso.

Se alzó y asomó su cabeza por el borde la trinchera y pudo ver aquel espectáculo. Decenas de velas enfrente, farolas iluminando el camino a ninguna parte, dejando al descubierto a las tropas alemanas, algunos de ellos sujetando árboles esperpénticos por encima de sus cabezas.

Cargó su fusil y apuntó, listo para disparar. Por el rabillo del ojo advirtió que muchos de sus compañeros habían hecho lo mismo. Todavía no le había dado tiempo a pensar qué ocurría cuando desde la línea de velas le llegó el rumor de voces cantando, cada vez más alto.

Entonces bajó su arma y el resto de soldados hicieron lo mismo. Todos se revolvieron inquietos y entre los hombres corrió la orden de que se necesitaban dos voluntarios.

Arrojó el fusil a un lado y saltó por encima de la trinchera. A su izquierda, otro hombre le siguió. Miró hacia delante y vio a dos alemanes que habían salido, ambos con las manos en la cabeza. Les imitó y comenzó a andar, las piernas flojeándole por momentos. Caminó hasta estar cara a cara con los alemanes, esperando oír de un momento a otro el tableteo de una ametralladora y los ruidos de muerte de los anteriores días, pero no se oía nada. Los cuatro se quedaron mirándose, sin saber que hacer, sus temores y el deseo de dejarlos atrás reflejados en los ojos del hasta entonces enemigo. Comprendieron, y cuatro manos avanzaron y se estrecharon.

El resto de soldados salieron de sus posiciones y andaron hasta donde estaban ellos y les imitaron.

Hicieron fuegos y se sentaron alrededor. Hablaron de sus hogares, se mostraron fotografías de sus familias e intercambiaron regalos.

Por una noche, la guerra había terminado.



(El 24 de diciembre de 1914, soldados alemanes y británicos celebraron la NocheBuena en pleno frente durante la Primera Guerra Mundial, en uno de los hechos más memorables de la historia militar)

sábado, 22 de diciembre de 2007

Final alternativo para "El Principito"

Un desierto típico. Con sus dunas, su Sol abrasador y un avión de principios del s. XX destartalado sobre la arena. Tiene la tapa del motor abierta. El protagonista del libro (que es el dueño del avión) está intentando arreglarlo como si fuera el capó de su coche. Lleva unos pantalones de pinzas, una camiseta negra, un pañuelo, pelo revuelto y un cigarrillo entre los dientes. Aunque en la novela de Antoine de Saint-Exuperi no lo dice, responde al nombre de HERODES. A su lado está el “PRINCIPITO”. Un chaval de unos diez años vestido como Michael Jackson en la portada del “History; past, future and present”, pero con un sable colgado del cinturón. Del interior del aeroplano suena, como si fuera un gramófono cascado, una canción setentera de rock duro; Molly Hatchet – Beatin´ the Odds. Estará sonando durante toda la escena.

HERODES: Pues esto parece que ya está…
PRINCIPITO: No irás a dejarme aquí…
HERODES: Si te parece me quedo aquí en el puto desierto…
PRINCIPITO: (a punto de cogerse una rabieta pueril) Jo… ¡Pero todavía no me has dibujado el corderito!

Herodes no contesta. Echa una calada a su cigarrillo y vuelve a su trabajo. El principito pega una patada rabiosa al avión. El hombre se vuelve hacia el crío muy cabreado.

HERODES: ¿Pero quieres dejarme en paz, chaval?
PRINCIPITO: ¡Quiero que me pintes un corderito!
HERODES: Vamos a ver, chaval, me estás cabreando ya… búscate amigos… o unos padres…
PRINCIPITO: ¡Estoy en el desierto! ¡Eres el único…!

Herodes pasa del crío. Se da la vuelta otra vez para terminar de arreglar su avión. El chico al ver que no le hace ni puto caso agita un poco al aviador. Casi se le cae el cigarrillo de la boca pero lo coge al vuelo. Está ya por la mitad. Echa una calada larga y mientras suelta el humo dice:

HERODES: No te voy a dibujar el puto corderito, eres más ñoño que un jodido póster neocatecumenal ¿Me entiendes?

El principito se pone realmente furioso, se acerca al motor para intentar romperlo. El aviador le coge de los hombres y le empuja con fuerza hacia atrás tirándolo a la arena. Echa la última calada y tira el cigarrillo a la arena. El niño desde el suelo le sigue increpando:

PRINCIPITO: ¡Soy un príncipe! ¡Tienes que obedecerme!

Como si hubiera pronunciado unas palabras mágicas, el aviador pasa del mero pasotismo de antes a la furia carolingia (que es una furia de las de aúpa)

HERODES: Llevo una automática en el avión ¡Te advierto que como sigas tocándome los cojones te reviento!

El principito se levanta como alma que lleva el diablo y le hace un placaje al aviador que se empotra contra su avión haciendo que se balancee ligeramente. Forcejean un poco pero, lógicamente Herodes es más fuerte y logra empujarle aunque esta vez, no le tira al suelo. Entonces el principito desenvaina su sable y lo esgrime contra el hombre que logra esquivar los dos primeros golpes.

HERODES: Acabas de cagarla, chaval…

Rápidamente, Herodes mete un brazo en la cabina de conducción del avión y saca una automática. Antes de que el principito pueda reaccionar le dispara en la rodilla izquierda. El crío cae al suelo dolorido.

HERODES: ¡Venga! ¡Dibújame un corderito ahora! ¡Ten cojones!
PRINCIPITO: (retorciéndose de dolor y sollozando) ¡Eres un hongo! ¡Eres un hongo!...
HERODES: ¡Pídeme que dibuje un corderito!
PRINCIPITO: No que me vuelves a disparar…

Herodes revienta de otro tiro la rodilla derecha del chico que no para de aullar de dolor. Se enciende otro cigarrillo. De repente aparece EL REY, que cree gobernar todas las estrellas y que todos son sus súbditos.

REY: Hedddodezzz!!! Te odddddeno que padddezz!

Sin pensárselo dos veces, Herodes le suelta un disparo certero. Lleva el cigarrillo en la boca y no lo dejará durante el resto de la escena. El Rey cae fulminado dejando un reguero de sangre. El principito lo mira desencajado. De repente para de gritar. El aviador vuelve a su motor. Termina de apretar una tuerca y empiezan a dar vueltas las hélices del avión.

PRINCIPITO: (con un hilillo de voces) No te vayas… llévame contigo…

Herodes acerca la pistola a la cabeza del Principito y sin pensárselo dos veces, aprieta el gatillo.

HERODES: (torciendo la boca para no tirar el cigarrillo) Dibújame un corderito ahora…

Sube a su avión y se marcha.


viernes, 21 de diciembre de 2007

Derrota




Si guardas en tu puesto, la cabeza tranquila,cuando todo a tu lado es cabeza perdida.Si tienes en ti mismo una fe que te niegan y no desprecias nunca, las dudas que ellos tengan.


Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera. Si engañado, no engañas, si no buscas mas odio, que el odio que te tengan...


Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres, si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.Si sueñas, y los sueños no te hacen su esclavo.Si piensas y rechazas lo que piensas en vano.


Si tropiezas el triunfo, si llega tu derrota,y a los dos impostores les tratas de igual forma.Si logras que se sepa la verdad que has hablado,a pesar del sofismo del orbe encanallado.


Si vuelves al comienzo de la obra perdida,aunque esta obra sea la de toda tu vida.Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría,tus ganancias de siempre, a la suerte de un día,y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea,sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.


Si logras que tus nervios y el corazón te asistan,aun después de su fuga, de tu cuerpo en fatiga,y se agarren contigo cuando no quede nada,porque tu lo deseas y lo quieres, y mandas.


Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud.Si marchas junto a reyes con tu paso y tu luz.Si nadie que te hiera, llegue a hacerte la herida,Si todos te reclaman y ninguno te precisa.


Si llenas un minuto envidiable y cierto,de sesenta segundos que te lleven al cielo....Todo lo de esta tierra, será de tu dominio,y mucho mas aún,serás hombre, hijo mío.




"Rudyard Kipling"

(Foto: 7 de diciembre de 1970, combate entre Mohamed Ali y Ringo Bonavena en el Madison Square Garden, con victoria para el primero por KO en el último asalto)

domingo, 9 de diciembre de 2007

9 de diciembre

Las horas no eran las adecuadas, tal vez demasiado pronto, pero decidí entrar esperando que allí estuviera ya, disfrutando de su eterno bourbon, el mejor clarinete de la ciudad. Las chicas se agolpaban a la entrada, dejando una hendidura de labios por la que colarse en el establecimiento. Requisé con la mirada la mezcla de humo y brandy del ambiente, y continué hasta el cuarto reservado, justo antes de la vieja mesa de billar.

- No te esperaba aquí esta noche.

- ¿Cómo va Steve? -mi amigo estaba sentado, casi tumbado, y más que sorpresa yo diría que mi reciente aparición le había incomodado. - Te he traído algo.

Extendí sobre la mesa una caja de cartón, de las que se usan para envíos postales. Un sorbo, un rápido movimiento de manos, la caja en sus rodillas ya abierta.

- ¿Qué cojones es esto? Un puñetero sombrero. ¿De dónde lo has sacado?

- Se lo quité a Bobby "el tintas" durante un registro en el este. Pensé que te gustaría como regalo de cumpleaños. Al fin y al cabo, los mentirosos, los magos, tenemos que tener a punto el último truco, y qué mejor que un sombrero.

-Sabes muy bien que odio que me toquen los que cuelgan. Y cada año apareces tú con tus gilipolleces. -hizo una pausa, mientras examinaba una fina etiqueta en el interior del sombrero.- Oye, John...gracias de todas formas. Es un cacharro estupendo.

- Anda, invítame a un whisky y estamos en paz.

---Feliz cumpleaños, Auggie---

viernes, 7 de diciembre de 2007

Complete Clapton



Para enterarse, aquí: http://es.youtube.com/watch?v=DXeXd74_8dA

Gracias


sábado, 1 de diciembre de 2007

Spiderman existe...

... Vive en Brasil y tiene cinco años. Su nombre es Riquelme, pero volverá la vista igualmente si le llamas “Spiderman”, el nombre que se ha ganado a pulso al convertirse en un héroe de los de verdad. Y con solo cinco veranos y un par de pelotas.

Una madre lloraba al ver su casa en llamas. Su hijo de 22 meses estaba dentro y para cuando llegaran los bomberos ya habría muerto pasto de las llamas. Fue entonces cuando apareció Riquelme, camiseta de Spiderman en ristre y la dijo: "¡No llores, no grites, yo la rescataré!" No la dejó tiempo para reaccionar. Cuando se quiso dar cuenta, el retaco de cinco años estaba con el bebé entre sus brazos. Los bomberos decían, horas después, que aquello había sido una operación de alto riesgo. De esas que sólo es capaz de hacer un profesional, y con dificultad. Pero a veces, el hábito hace al monje, y el joven Spiderman nos demostró a todos que los cojones de un hombre son el arma más valiosa del mundo. Y que quien diga que los seres humanos somos malos por naturaleza no tiene ni puta idea. Quizás un poco “hijos de puta” pero que todos tenemos un Riquelme dentro, y sólo hacen falta pelotas para sacarlo fuera.

Desde ahora, cada vez que lea un cómic de Spiderman pensaré en ese crío. Dice que de mayor quiere ser bombero y no sé si será alguna de esas ideas que con el tiempo y la madurez van cambiando. Lo que está claro es que sea lo que sea, llegará lejos. Tiene pelotas.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Cuando el corazón sangra...




¿Tienes un pitillo?

Sí.

¿Me das fuego?

Toma.

...

¿Sabes que mañana atacamos la colina?

Sí.

Creí que nos iban a envíar refuerzos para eso.

Los refuerzos no van a llegar.

¿No?

Están bloqueados a unos cincuenta kilómetros.

Así que toda la colina para nosotros.

Debe ser muy importante.

Dicen que es vital. Un objetivo prioritario.

Igual que el puente de la semana pasada.

Ajá... ¿sabes quién la palmó allí?

No.

Mi hermano.

No jodas.

Pues sí. ¿Tienes otro cigarro?

Acabo de darte uno.

Es para más tarde.

Vaya tontería. Anda, fúmatelo ahora.

viernes, 16 de noviembre de 2007

El eterno secundario


Ni tan siquiera una foto digna he podido encontrar de él. Tan sólo unas líneas en la wikipedia (en inglés, nada de castellano).

Alemán, rubio, ojos azules. KARL OTTO ALBERTY era el exponente máximo del hombre ario. Y fue ese aspecto el que le condenó a ser el nazi malvado de muchas películas. Ese alemán con cara de perro que parece el aprendiz del mismo diablo. Sabéis de sobra de quién estoy hablando. El rubio que sale al final de "La gran evasión"(1963), o el oficial de las SS que, después de dar a los enemigos el oro de la patria, seguía saludando brazo en alto en "Los violentos de Kelly"(1970), o aquel otro de "¿Arde París?"(1966), "La batalla de Inglaterra"(1969) o "La batalla de las Ardenas"(1965).

Vale que su personaje nunca era el protagonista, ni el más querido por el público, ni siquiera era un papel extenso (de hecho, en varias no llega a abrir la boca). Sin embargo, aquellas películas de guerra que llenaban los sueños infantiles con heroicos asaltos y batallas con tanques no habrían sido lo mismo de no aparecer aquel alemán rechoncho que siempre que aparecía en pantalla provocaba aquello de: "¿Ese no es el de...?"
Años después, puedo fumarme un purito a la salud de ese alemán bajito, rechoncho y a estas alturas canoso, que nunca firma autógrafos pero que a todo el mundo le suena de algún sitio... Pues sí, ese era el de...

domingo, 11 de noviembre de 2007

Adiós al "conservador izquierdista": Norman Mailer


Dicen que murió por complicaciones de la operación de pulmón de hace un mes. Pero yo creo que en realidad murió de agotamiento. Agotado de luchar contra todo y todos. Agotado de no rendirse jamás. Autodenominado "conservador de izquierdas", Norman Mailer criticó ideales de todos los sistemas y personajes de todas las ideologías, y, expectuando a Kennedy, no hubo un sólo presidente que se salvara de la quema.

Machista acérrimo, detractor de los sistemas anticonceptivos (lo que le llevó a tener nueve hijos a lo largo de seis matrimonios), psicológicamente inestable (llegó a apuñalar a su segunda esposa durante una considerable borrachera, lo que le valió una visita al psiquiatra y un libro escrito por ella en el que no salía, lógicamente, bien parado), simpatizante de Jack Kerouac y los beatniks, admirador y enemigo a partes iguales de Truman Capote (al que consideraba como el único digno de estar a su nivel), provocador nato... todo esto es poco para definir a un hombre que ganó el Pulitzer con su primera novela: "Los desnudos y los muertos" (1947), en la que se valió de sus experiencias en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, y que está considerada como una de las mejores novelas bélicas de la historia.

Sus siguientes novelas, "Costa Bárbara" y "El parque de los ciervos", no alcanzaron el nivel de su primer trabajo, y Mailer se volcó en el periodismo. Son famosas sus crónicas sobre la marcha de la Paz sobre el Pentágono, reunidas en "Los ejércitos de la noche". De la vertiente periodística de Mailer nace la obra por la que le fue concedido otra vez el Premio Pulitzer, "La canción del verdugo" (1979). Escrita a la manera de un reportaje, trata sobre la vida del asesino Gary Gilmore, condenado a muerte. Valiéndose de esa historia, el autor hace una profunda crítica contra la pena capital.

Más tarde, Mailer volvió a la novela con la que, para mí (qué le vamos a hacer, soy fanático de la novela negra) es la mejor de sus obras: "Los tipos duros no bailan". En ella, Tim Madden, escritor fracasado, investiga la desaparición de su mujer. La novela pone de manifiesto la filosofía vital del autor: su visión personal del mundo con la figura centra de un demiurgo exhausto que ha perdido el control sobre las personas, que se dejan seducir por el diablo de la modernidad (aunque un buen amigo mío diría: postmodernidad).

Mailer se ha atrevido con todo. Reputado biógrafo, ha desgranado la vida de mitos américanos como Marilyn Monroe y, especialmente, Lee Harvey Oswald. Esta última en un espléndido trabajo en el que reúne, a través de documentos oficiales, transcripciones de conversaciones y material obtenido de diversas entrevistas, toda la historia del que a día de hoy sigue siendo uno de los personajes más enigmáticos de la historia. No sólo eso, sino que, en sus últimos trabajos no ha tenido pelos en la lengua al hablar del funcionamiento interno de la CIA en su novela "El fantasma de Harlot" (1991), e incluso para hacer la biografía de Cristo en "El evangelio según el Hijo" (1997), y en su última obra, que será publicada próximamente en España (con el lógico éxito que supone la reciente muerte del autor, seguro) se atreve con Hitler.

Un pitillo a a salud de un hombre que nunca dejó de estar en el centro del cuadrilátero, sin importarle quien era el contrincante.


Norman Mailer, escritor dos veces ganador del Premio Pulitzer, murió ayer 10 de noviembre de 2007 a los 84 años de edad.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Hacia la frontera


Cabalgaba con los hombros caídos, el mismo aire cansado del bebedor habitual al acodarse en la barra. El sombrero calado hasta los ojos y un cigarrillo perfectamente liado asomando entre los labios. La cabeza caída sobre el pecho, dormitando. La ropa llena de polvo del camino hacia la frontera. Una manta, una cantimplora y un Colt del ejército eran todo su equipaje.


Llevaba así un buen rato cuando llegó a los pies del único árbol que había en varios kilómetros. Un enorme pino al que habían podado totalmente. Tan sólo tenía una rama, hecha de cuerda, con un hombre colgando al extremo, el fruto de un árbol seco. Las manos atadas a la espalda, balanceándose en el aire. Tenía los ojos semicerrados y la lengua le asomaba entre los labios. La cara tenía el tono azul propio del que ha muerto ahogado. Había debido tardar unos veinte minutos o algo más.


Se quedó allí un rato, siguiendo el movimiento del cuerpo con los ojos. Entonces bajó la cabeza y miró a los pies del árbol. Sentado sobre sus cuartos traseros estaba un perro. Los ojos fijos en el cadáver. La mirada triste, el aspecto famélico.


Tomó el cigarrillo entre los dedos y lo mandó de un capirotazo al otro lado del camino. Cogió su cantimplora y bebió. Bajó del caballo, se echó agua en la mano y la extendió hacia el perro. Receloso al principio, el perro dio un par de pasos hacia atrás. No adelantó la mano ni hizo gesto alguno. El perro miró hacia el ajusticiado, como asaltado por un repentino recuerdo. Avanzó lentamente y bebió. Le hizo cosquillas en la mano con la lengua y después se sentó ante él, con la misma mirada triste.


Montó de nuevo y se llevó dos dedos al sombrero a modo de saludo. Golpeó ligeramente con los talones y emprendió el viaje de nuevo. No tardó en percatarse de que alguien le seguía. Se dio la vuelta, adivinando la respuesta antes de hacerse la pregunta. Allí estaba el perro, la mirada triste y apoyado sobre los cuartos traseros. Esbozó una media sonrisa y señaló algo. El perro siguió la trayectoria del dedo hasta el cuerpo que colgaba del árbol. Volvió a mirarle a él.


Se encogió de hombros y siguieron juntos su camino.

domingo, 28 de octubre de 2007

El príncipe negro

Le llamaban el príncipe negro por ser el primero en usar el cuero negro como distintivo. Su tupé revuelto y su carácter introvertido y atormentado le valieron el apodo de “Hamlet de cuero negro”. Pero quien entienda el espíritu macarra del rockabilly sabe que Gene Vincent es quien debía haber merecido el título de “rey del rock”. Con razón fue de los primeros rockeros en tener su “estrella” en la hollywoodiense Vine St.

Su música es un reflejo de lo que fue su vida. Guitarras lastimeras aunque esté tocando una canción movida y una voz cínica y desapasionada. La biografía de Eugenne Vincent Craddock es corta y tortuosa, pero tampoco está llena de anécdotas inolvidables. Siempre fue considerado un artista de segunda. Nació en Norfolk, Virgina, en 1935 y ya de niño tocaba la guitarra. A las 17 años se metió en la armada pero un accidente de moto le jodió la pierna y tuvo que salir. El estado le indemnizó pagándole una pensión vitalicia con lo que ya no tuvo que volverse a preocupar de trabajar.

Ya que tenía esa estabilidad económica, decidió probar suerte en el mundo de la música. Total ¿Qué tenía que perder? Así que formó un grupo de rock llamado “The blue Caps” y firmó un contrato con Capitol Records para grabar su primer single. En la cara A venía la canción “Woman Love” y en la B, la que sería su primer gran éxito; “Be-bop-a-lula”. El grupo pasó a llamarse Gene Vincent and the blue caps y empezaron su carrera con un relativo éxito comercial. Éxito que no supieron mantener.

El estilo de Gene era excesivamente macarra para los gustos de la época, algunas letras eran demasiado duras para las quinceañeras que no podían bailar esos solos lastimeros de Cliff Gallup, que después sería sustituido por Johny Meeks. Pese a todo, fue de los primeros rockeros en aparecer en el cine con “The girl can´t help it” (1956) o “Whole lotta loving” (1957).

Sin embargo, Gene Vincent era cada vez más arisco e introvertido. Su pierna le dolía, y solo podía paliar su dolor con alcohol y aspirinas, que ingería en grandes cantidades. Bebía como el que más y sus valores eran bastante discutibles. En 1959, mientras conducía al lado de su amigo Eddie Cochram y su novia tuvo otro accidente que mató al bueno de Eddie (convirtiéndolo en una leyenda del rock) y agravó su lesión en la pierna dejándolo cojo de por vida.

The Blue Caps se disolvieron el día en que Gene quedó con ellos para pagarles y no apareció. Estaba en Alaska con una mujer y no aparecería hasta meses después, con una denuncia de sus ex compañeros u la prohibición de tocar en EEUU.

Marchó a Europa donde durante los años 60 tocó en giras con John Lennon, Cuck Berry o Jerry Lee Lewis y dio de que hablar por sus juicios con sus ex esposas, que eran bastantes. Su éxito iba disminuyendo por momentos y su alcoholismo era cada vez más grave. Así que con treinta y seis años, el 12 de octubre de 1971, murió de una úlcera sangrante en el estómago. Toda una leyenda a reivindicar. La del príncipe de los rebeldes, montado en su chopper, tupé al viento y música inolvidable.

martes, 23 de octubre de 2007

Vuelve el Capitán América, héroe de la libertad



Para todos aquellos que no lo sepan, hay una mala noticia: el Capitán América ha muerto. Murió este marzo por el disparo de un francotirador en los escalones que llevan a los juzgados de la ciudad de Nueva York.


Para los que no sigan las aventuras del adalid de la libertad, pondré en antecedentes. Hace una temporada, Marvel sacó a la luz la serie Civil War, con la que pretendía tomar una línea diferente a lo que viene siendo habitual en el comic de superhéroes: acercar las aventuras de los enmascarados al mundo real (algo que, los aficionados a este mundillo recordarán que Alan Moore plasmó de una forma magistral en su obra maestra Watchmen). Así, la serie se iniciaba con un acto terrorista perpetrado por un supervillano (Nitro): un colegio saltaba por los aires llevándose con él a todos los niños que en ese momento estaban en el interior. Ante este terrible hecho, el gobierno de los Estados Unidos promulga un acta según el cual todos los superhéroes deben inscribirse en un registro de la CIA y revelar su identidad secreta a tal organización: el Super-Human Regist Act (lo que nos vuelve a remitir a la pieza de Moore, donde ocurría un hecho parecido, sólo que allí era el Acta Keene, que declaraba ilegales a los vigilantes). Esto, obviamente, guarda muchas semejanzas con el Patriot Act, promulgado tras los atentados del 11 de Septiembre, sin embargo, Marvel se ha cuidado mucho de expresar una opinión al respecto.


Ante el carácter fascista de la ley, el Capitán América se niega a cumplirla, y es entonces cuando comienzan los problemas: los superhéroes se dividen en dos bandos, anti-ley y pro-ley. El primer grupo está liderado por el Capitán América, y cuenta con miembros como Daredevil, Falcon o Luke Cage; mientras que el segundo está liderado por Ironman, y junto a él encontramos a enmascarados de la talla de el Hombre Antorcha, Mr Fantástico o la agencia SHIELD. Estos bandos, tras un sinfín de números y crossovers que nos provocarán más de un dolor de cabeza, con historias que se intercalan entre sí y no acaban, terminarán por enfrentarse abiertamente. Y aunque el Capitán gana la guerra, comprende que su deber es proteger a la gente, y no luchar contra sus amigos. Por lo que se dirige al juzgado a testificar. Sin embargo, en las escaleras, un francotirador, agente de Red Skull, acaba con la vida de Steve Rodgers.


Hasta aquí, los hechos. Ahora, la noticia. Marvel, que no se había pronunciado al respecto hasta ahora, ha comunicado que el Capitán América volverá a las viñetas en breve. Sin embargo, de momento no será Steve Rodgers el que vista el traje (ya que está muerto y enterrado) y se barajan nombres para el sustituto. Además, el nuevo Capitán será una persona bastante diferente, y llevará pistola.


A nadie se le escapa el carácter comercial de esta maniobra de Marvel ante la pérdida de ventas de ejemplares de las aventuras del Capi, sin embargo, este hecho tiene una lectura política mucho mayor. El que quiera entender, que entienda.

jueves, 18 de octubre de 2007

Jesse James, el forajido de leyenda

Parecía dormir. Era necesario fijarse para darse cuenta de que su pecho no se movía rítmicamente. Su cuerpo, a pesar de no superar el metro ochenta, parecía enorme embutido en aquella caja de pino. Las moscas paseaban sobre su rostro bien parecido y los párpados cerrados impedían ver aquellos ojos azules capaces de traspasar a un hombre con la misma facilidad que una bala. El rostro del asesino de diecisiete hombres parecía relajado aquel 4 de abril de 1882. No temía el encuentro con su hacedor porque no se arrepentía de nada.

Desde muy joven el fantasma del padre ausente le pesaba en el corazón y había conocido el sabor de la batalla a los catorce años. A las órdenes de Bloody Anderson había defendido su hogar, Missouri, en una unidad de guerrilla y cuando todo terminó supo que jamás se adaptaría a la vida contemplativa. Cabalgó junto a antiguos camaradas y cometieron el primer robo armado tras la guerra. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su vida sería diferente a todas las demás. Junto a su hermano Frank y los hermanos Younger robó bancos y, sobre todo, trenes. Le encantaba robar trenes. Los trenes de la Unión. Era su forma de decir: "No me reconstruiréis".

El editor del Kansas City Times, John Edwards, lo convirtió en héroe. Allan Pinkerton, el líder y fundador de la agencia de detectives, puso precio a su cabeza. Le acosaron, persiguieron y dispararon. Mataron a sus amigos. John Younger murió en marzo de 1874. Un mes después, se casó. Tuvo cuatro hijos. Dos, los gemelos, murieron en la infancia.

Pero echaba de menos los viejos tiempos. Reunió a la vieja banda y entraron en el Banco Nacional de Northfield, en Minnesota. Pero las cosas se torcieron. El cajero se negó a abrir la caja y le voló la cabeza. Al salir, los que habían esperado fuera estaban muertos. La emprendieron a tiros. Consiguieron salir dejando a dos hombres muertos en plena calle. Él y su hermano Frank se separaron del resto. Más tarde oyeron que Cole y Bob Younger habían sido hecho prisioneros y que él otro que había logrado escapar, Charlie Pitts, había muerto. La banda ya no existía.

Se fueron a Tennesse, donde cambiaron de nombre pero no de vida. Reunió a una nueva banda en 1879. Robó más trenes. Pero no era lo mismo. Los miembros morían o eran capturados. Empezó a ver traidores, y estaba en lo cierto. Mató a uno de los suyos. Volvió a Missouri sin su hermano Frank.

Con la banda destrozada, se fue a una casa no lejos de donde pasó su infancia y se asentó allí con su familia y los dos únicos hombres en los que podía confiar: Charlie y Robert Ford. Ahora su cabeza valía diez mil dólares, pero ya no le importaba. Se sentaba ante la puerta con un puro en la boca y recordaba tiempos mejores. Escuchaba como Robert le adulaba. Se convirtió en su amigo, su confesor. Era una imagen a imitar, un ídolo a venerar y, con el paso de los días, un hombre a suplantar. El 3 de abril de 1882 desayunaron los tres sin mediar palabra. Después subieron a un cuarto, Ford armado, él con las manos en los bolsos. Ford se colocó detrás de él, levantó la pistola y le disparó en la parte posterior de la cabeza. El olor de la cordita llenó el cuarto mientras treinta y cinco años de leyenda caían al suelo donde se formó una mancha de sangre tan roja y tan oscura como la del resto de los hombres.



Jesse James nació en Clay County, Missouri, el 5 de septiembre de 1847 y murió asesinado por Robert Ford el 3 de Abril de 1882 en Saint Joseph, Missouri. Ha sido objeto de numerosas películas, la última de ellas, "El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford", se estrenará en breve con Brad Pitt en el papel del fuera de la ley. Además, Bruce Springsteen cuenta su historia en la canción "Jesse James", en el disco We Shall Overcome.

¿Si la naturaleza no fuera tan salvaje, podrían los hombres ser tan libres?


miércoles, 19 de septiembre de 2007

Los que humillan a las prostitutas

Hace poco, no-se-cual asociación de feministas malfolladas dio un premio al director del diario 20 Minutos por no incluir anuncios de prostitutas en las páginas de clasificados de su periódico. ¡Todo un triunfo! Dirán algunos.

Sin embargo, desde aquí le deseo lo peor. A él y a las que le han dado el premio. Que sufran el ostracismo que ellos están fomentando en unos profesionales tan dignos como los que más. Porque una prostituta no es una mujer que “vende su cuerpo” sino tan solo una persona que ofrece un servicio a cambio de dinero como todo hijo de vecino. ¿Qué pasa? Que como el servicio es sexual, todos nos escandalizamos como niños en el patio de un colegio.

Por supuesto, hay un montón de mafias que esclavizan a mujeres obligándolas a prostituirse pero en ese caso lo malo no es el oficio en sí, sino el hecho de que las obliguen a hacerlo. ¿Qué tiene malo ser puta? Son muchas (y muchos) las (y los) que de una forma voluntaria deciden serlo. Puede ser una profesión muy rentable y -¿por qué no?- gratificante. Como en cualquier trabajo, se pueden tomar medidas de seguridad para no poner en peligro la salud. Y como cualquier autónomo, una prostituta puede rechazar clientes que no la traten como se merece o simplemente no la gusten.

Sin embargo están despreciados socialmente. Tal es el rechazo irracional que tenemos a estos trabajadores, que la ley los denigra y no los regula o simplemente prohíbe su labor. La sociedad las rebaja y eso fomenta que sean presa fácil de maltratadores y psicópatas, cuando no de sermoneadores y asociaciones de mujeres malfolladas que apoyan a periodistas talibanes. Mal nacidos todos ellos. Especialmente estos dos últimos.

Son los predicadores, tanto los meapilas como las feminazis progres, los que emplean el apoyo del público para hacer ver que las prostitutas son gente que necesita ayuda. Gracias a ellos, si una persona decide ofrecer sexo a cambio de dinero sabe que debe someterse a la mayor de las ignominias. Se convierte en lo más rastrero aunque nadie sepa a ciencia cierta por qué.

Me gustaría dedicar esta entrada a todas las putas (y putos) que deciden serlo voluntariamente. Demuestran valentía al pasar por encima de una sociedad que no las comprende y por eso se merecen todo el apoyo. Si algún día tengo una hija y me dice que quiere ser prostituta, la abrazaré bien fuerte y la diré “¡Sal a la calle y sé la mejor puta del mundo!”

Y por supuesto, también me dirijo a los cabrones que las humillan. Desde que me enteré de esa noticia ya no cojo el 20 Minutos cuando me lo dan por la calle. Ojala se arruinen. Lo mismo digo de las quemasujetadores. Sois la auténtica lacra de esta sociedad. ¡Que os jodan a todos!

viernes, 14 de septiembre de 2007

Vuelve el tipo de la camiseta hecha jirones









Y es que si tiene así la cara, cómo tendrá la camiseta. De nuevo, al amigo John McClane le meten en un lío de los que hacen época. Más de lo mismo: el malo que es muy malo, y él que es el poli más duro del lugar. En esta ocasión, las cosas le pillan un tanto de lejos, porque no hablamos de bombas y rifles, sino de ordenadores, y para McClane la tecnología no va más haya de su pistola. Pero hacerlo a su manera no deja de ser efectivo. Una nueva entrega de "La Jungla", tal vez con menos chistes, pero con acción para dar y tomar. A McClane no le faltan nunca los recursos para salir con vida de todo tipo de hostilidades, y cuando las cosas se ponen feas te suelta una de las cuyas, como esa de "o me dices lo que quiero saber, o te inflo a ostias en tu propia casa." y ya puedes ir colaborando.
Llega una cuarta entrega de la saga algo diferente, pero han pasado muchos años y el mundo ya no es lo que era. Los malos usan mundos virtuales y pantallitas, decodificadores y satélites. En mi opinión, los 130 minutos de la película dejan muy buen sabor de boca si uno entiende desde el principio que el tiempo pasa, y como diría Mamet, las cosas cambian. El que sigue igual es McClane. Bueno, y el malo malote, que se quiere hacer de oro y que recibirá el correspondiente correctivo.
Esperamos las opiniones del público aquí, en el lugar preferido de tipos duros, solitarios, fumadores y todo tipo de desempleados, el estanco de Auggie Wren.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Sam Spade va al instituto

¿Cine independiente? La mayoría (en la que me incluyo) cuando oye esta expresión, pone cara de circunstancias. Y es que estamos acostumbrados a que las cintas independientes sean el producto de la mente de un "interesante director iraní" que nos tortura durante dos horas con interminables planos en silencio de un paisaje crepuscular con el que pretende representar la intensidad del sufrimiento humano.
El enorme acierto de "BRICK", sin embargo, es alejarse de la temática del cine independiente actual para revisitar un género con tanta tradición como es el negro, desde una nueva perspectiva. La película toma los ingredientes propios del género: un detective en busca de la verdad, un funcionario público muy poco interesado en hacer su trabajo, un gángster del que todo el mundo ha oído hablar y muy pocos han visto, un matón con complejo de inferioridad y, por supuesto, una femme fatale enfundada en vestidos guante.


Sin embargo, la sorpresa llega cuando comprobamos que todos estos factores han sido trasladados a un instituto de California. Brendan, un chico solitario y misántropo, recibe una llamada telefónica de su exnovia Emily, que necesita su ayuda. Días después, ésta desaparece. Brendan comenzará una investigación que le llevará hasta la mafia estudiantil, liderada por el enigmático The Pin. Por el camino nos cruzaremos con personajes inolvidables como The Brain, el único amigo de Brendan, especialista en recopilar información; Dode, un yonqui que sabe más de lo que parece; Tugger, la mano derecha de The Pin y matón profesional; y Laura, la mujer fatal que meterá en más de un lío al sabueso.


Brick es, además de la ópera prima de Rian Johnson, un auténtico fogonazo en el panorama cinematográfico actual. Y eso lo consigue a base de dos pilares básicos: guión y actores. Es indudable que los diálogos son herederos directos del estilo verbal de las novelas de Dashiell Hammett (padre de la novela negra), plagados de dobles sentidos y réplicas brillantes. Unos diálogos que poco a poco, y de una forma complicada (como es natural en el género) van conformando una historia donde nada es lo que parece.

El otro soporte de Brick son los actores. De Jospeh Gordon-Levitt, que da vida a Brendan, un auténtico Sam Spade de diecisiete años; a LuKas Haas (el niño de "Único testigo") como el gángster The Pin, un mafioso tullido que se acobarda en presencia de su madre; pasando por los desconocidos Matt O' Leary como The Brain, y Nora Zehetner como Laura, la mujer fatal (qué apropiado, ¿no?); además del mítico de la blaxpoitation Richard Roundtree (el Shaft original) como el subdirector Truman.




En definitiva, Brick es un claro ejemplo de como hacer algo nuevo y brillante utilizando los esquemas clásicos. Un excelente homenaje al género negro y un regalo para sus adictos (entre los que me cuento), que cuenta con momentos inolvidables, como la fiesta de la clase alta (con su melodía de jazz al piano), la persecución en los pasillos del instituto (con el sonido de las pisadas como única banda sonora) o la reunión final en casa de The Pin (que nos recuerda a algunos de los mejores momentos de Cosecha Roja, la obra de Hammett) con la madre del joven mafioso repartiendo zumo entre los gángsters.

En resumen, una pequeña joya que nos muestra a la perfección qué habría pasado si Sam Spade hubiera vestido camiseta y vaqueros y hubiese tenido diecisiete años.



jueves, 6 de septiembre de 2007

NOS QUITARON EL SEMÁFORO QUE NO LLEVA A NINGUNA PARTE

Desandando la tarde,
mi amigo y el suyo
flirtean con los carteles
que anuncian cine,
de vuelta a casa.
Cambiando de acera
como de cara se cambia un disco
cuando lo trazado
ha fundido a negro.

Nos quitaron el semáforo
que no lleva a ninguna parte,
sustituyéndolo por el orden lógico de las cosas,

del que nos reíamos cruzando allí la calle;
nos jugábamos el tipo y la noche
discutiendo en mesas con salpicones
de café con leche
para tener el honor
de regresar por caminos improvisados.
Y alguien ebrio de angustia y estrés
colocó allí un becuadro
a nuestra melodía privada.

E.G.

martes, 4 de septiembre de 2007

Cosas que odio

La gente que está en "oenegés"


Si hay una institución que ha sabido ganarse el afecto incondicional de todos, esa es sin duda la de las ONGs. Grupos organizados, desvinculados (al menos teóricamente) de cualquier brazo gubernamental que se dedican a “ayudar al prójimo”. Sus miembros son como el buen samaritano, solo que este era repudiado por la sociedad del momento y en este caso, hablamos de gente de bondad “intachable”. Esa es la palabra que les define; intachables. ¿Cómo puede ser malo alguien que dona gran parte de su salario a causas benéficas (a no ser, claro, que sea un malvado empresario, en ese caso “lo hace para comprar su alma) o que se va no-se-cuantos meses a Ecuador a sonarles los mocos a cuatro muertos de hambre? ¡Es un ejemplo a imitar!

Así es que todos, como gilipollas, les hemos otorgado el título de “buenas personas”. Hagan lo que hagan, no cuestionarán sus propios actos, ni se plantearán si lo que hacen está bien o mal. Porque se creen por encima de esa dicotomía. Mientras los demás dudamos como cualquier ser humano y luchamos día a día por intentar hacer lo que creemos que está bien, estos tipos tienen legitimidad moral para hacer lo que les salga. Si en algún momento se portan como un hijo de puta, tienen la bula de “yo también tengo derecho a ser malo, al menos por una vez”. ¡Ese es su razonamiento! El resto de los mortales que no entramos en los bancos de blanqueo de almas que son las “oenegés” somos malos y egoístas. Ellos no solo son buenos, sino que tienen una bondad por encima de la media. Así que sin en algún momento hacen algo malo, simplemente están comportándose -eventualmente- como un tipo normal. Así que siguen creyéndose por encima de los demás.

Para empezar, cualquiera con dos dedos de frente puede darse cuanta de que la buena obra de las oenegés no es más que un engaña-niños. Una forma estúpida de sentirte bien contigo mismo. Que los países no progresan porque se les acerquen cuatro “bollescaus” a sonarles la nariz. Que son sus propios habitantes el motor de su economía. ¿Nadie se ha preguntado que cómo habiendo tantísimos voluntarios, misioneros y gente de ese pelaje por el mundo, la situación en África sigue igual de jodida?

Sin embargo, los oenegeros se creen con el derecho a sermonearte. A decirte si eres o no un egoísta. Y tú tienes que joderte y transigir. Mientras, ellos campan a sus anchas, manipulan, joden, putean y en cuanto alguien se lo echa en cara se escudan en la superioridad moral que les da su ridículo carnet de SED, Médicos sin Fronteras o su putísima madre. No solo eso; se creen con más derechos que los demás. Niños buenos en un mundo negro, lleno de avaricia y capitalismo por doquier. ¿No son voluntarios? ¿No se supone que su trabajo lo hacen de forma solidaria y sin pedir nada a cambio? La respuesta es no. Si todos los seres humanos somos unos hijos de puta, ellos además, son unos mentirosos.

Y a ellos va dedicado este post. Espero que muchos de esos samaritanos me lean. Porque a VOSOTROS va especialmente dirigido este mensaje ¡QUE OS JODAN!

viernes, 31 de agosto de 2007

La camiseta de Bruce Willis



Puede que enciendas cerillas en tu barba de dos días. Puede que desayunes formol con trocitos de vidrio. Puede que te laves los dientes con gasolina. Puede que bebas chupitos de alcohol de quemar. Pero si no tienes la camiseta sucia, nunca serás tan duro como Bruce Willis.


¿Quién no conoce al actor estadounidense? ¿Cómo olvidar al protagonista de "El último boy scout", "Persecución mortal", "Doce monos", "El último hombre"...? ¿O su papel como Butch Coolidge en la mítica "Pulp Fiction"? Sin embargo, a pesar de todos estos títulos, Bruce Willis siempre será recordado como el policía John McClane, protagonista de la saga "La jungla de cristal", referencia inexcusable para el cine de tipos duros.


John McClane, el hombre que siempre está en el lugar equivocado en el momento equivocado. El policía que en cada entrega se convierte en héroe. Uno de esos tipos a los que nadie quiere pisar sin querer. El icono cinematográfico más representativo de la época Reagan, un individuo normal que se ve envuelto en una situación peligrosa en la que no hay más que una solución: combatir el fuego con el fuego, abstenerse tipos delicados.


Sin embargo, John McClane no es como otros duros al uso. No es sino un antihéroe, a dos pasos de convertirse en alcohólico (según él mismo a un sólo paso), con un cigarrillo en los labios, humor caústico y una camiseta sucia. McClane no es un James Bond, es un tipo de carne y hueso, que suda, sufre y sangra. Para ello basta la prueba de que en "La jungla de cristal" (Die hard, 1988) se pasa gran parte de la cinta sin zapatos, y por ello se corta los pies con cristales. Cuenta únicamente con sus puños y su pistola para enfrentarse a los malos. Sin duda, la saga de La Jungla (de la que mi favorita es, por supuesto, "Jungla de cristal: La venganza" (Die hard with vengeance, 1995) es el máximo referente del cine de acción antes de que las artes marciales acaben con los tipos duros de verdad, esos que no saben luchar de forma elegante, sólo saben matar, pegar una calada y soltar una frase ingeniosa.





Yipi ka yey, hijo de puta.

martes, 28 de agosto de 2007

Cosas que odio

La gente que no odia nada





Hoy voy a hablar de otra cosa que odio. Me gusta hablar de cosas que odio porque todos odiamos algo. Todos sin excepción. Pero hay una serie de tipejos, de títeres, de caricaturas que pretenden fingir no odiar nada.


Si, todos sabéis a que me refiero. A la típica niña con la sonrisa impresa en su jodida cara bonita. La niña con la ropa de colores alegres, con la voz alegre, con la mirada alegre, incluso con su puto culo alegre a la que todo la parece bien. Que nunca está enfadada. Que cae bien a todo el mundo. Que podría llegar Hitler, explicarla todo lo que le gusta hacer a los judíos y que ella esbozara su sonrisita falsa y un "¡Que interesante! ¡Como mola", con esa voz infantil que tan bien sabe poner.
Creo que ya nos situamos. Todos conocemos alguna de estas criaturas. Hijas de la corrección política, del flower power y de su putísima madre. Que confunden tener una menta abierta con carecer de criterio.



Encima es acojonante ver como en cualquier sitio donde estén, a todo el mundo se les cae la baba. Por que, huelga decir que todas estas chicas tampax tienen un cuerpo escultural. Tal vez con poco pecho pero si un vientre bien moldeado, carita infantil y algún que otro piercing en alguna parte del cuerpo. Porque llevar piercings es "guay". Y no llevarlos "también es guay". Porque todo "mola".
Pero en realidad no os dejéis engañar. No. Tan solo es un papel el que interpretan. Un papel estereotipado que da buen resultado. Y lo peor es que sabe Dios que cojones hay tras esa máscara de "buen rollito". Pero algo hay. Detrás de esa sonrisa falsa, más falsa que el alma de Judas hay una mujer que odia cosas, como todos. Que puede estar pensando "¡Menudo gilipollas" cuando te mira a la cara, pero que nunca lo sabrás.



Y cuando alguien oculta algo, es porque tiene algo que ocultar. Y las cosas que se ocultan suelen ser cosas que es mejor que no se sepan porque son aberrantes. Así que es más que probable que alguna tipeja de estas oculte algo malo, peor que lo que podamos tener cualquiera de nosotros, con nuestras miserias, nuestra mierda y nuestras manías.



Por eso no me fío de nadie que sea tan "alegre". Porque creo que es gente que puede ocultar las más sórdidas facetas de la condición humana tras su velo de optimismo. Puede ser que esté pensando en someterte, seducirte, beberse tu alma y tu esencia para después, cuando se aburra de ti, partirte el corazón y dejarte jodido en la silla de alguna cafetería cualquier domingo de madrugada mientras te lanza su encantadora sonrisa.
Es gente patética a la par que peligrosa.


Por eso, a ellas va dirigida esta entrada. Me gustaría ver como consiguen forzar su imperturbable semblante feliz al acabar de leer esto. Mientras están jodidas por dentro, odiando mucho más de lo que cualquier otro ser humano pueda odiar.

sábado, 25 de agosto de 2007

Cosas que odio

La gente que pronuncia "seso" en vez de "sexo"

Sabéis todos a que me refiero. A todos esos profesores, tipejos que salen por la TV, colegas, compañeros de trabajo, capullos en definitiva, que se ponen a hablar de cosas "picantes". Se creen muy modernos por ser capaz de charlar sobre pollas, tetas, culos y todo ese rollo sin ruborizarse, sin sentirse violentos, ni usar "tapujos", ni pedir discretamente que se cambie de tema de conversación.

Pero en realidad todo eso es mentira. En realidad se sienten tan avergonzados como los que más. Y pretenden disimularlo pero se les nota. No usan tapujos. Se limitan a pronunciar mal las palabras que en su opinión suenan más fuertes. Especialmente la palabra "sexo", que pasa a convertirse en "seso", por que suena menos provocadora.

Cuando la pronuncian, piensan que te están haciendo creer que el error de pronunciación es debido a que nos saben pronunciar bien la "x". Así inundan su discurso de "sesos" y "homosesuales". Lo repiten, reinciden, parece que les gustara como suena. Quieren demostrarte lo jodidamente modernos que son. Les parece muy provocador hacerlo. Creen que si algún antiguo les oye, se va a escandalizar por oírles. Por que piensan que la palabra "sexo", o "seso", es en sí una provocación. Por eso se autocensuran y sustituyen la primera por la segunda. Y aun así creen ser muy transgresores. Pero realmente son unos subnormales.

A mi no me escandalizan. Ni siquiera me dan nauseas. Simplemente me hacen reír. Cada vez que oigo a un soplapollas –porque no merece mejor calificativo- decir "seso", una y otra vez, aunque no venga a cuento, me descojono de él y pienso "menudo soplapollas, que se avergüenza de su condición de retrogrado y pretende ponerse la careta de moderno".

Entiendo a un retrógrado que se acepta a sí mismo. Que cuando la conversación le molesta, lo hace notar de una forma educada o que procura tratar los temas más fuertes de una forma elegante, evitando expresiones mal sonantes y alusiones desafortunadas. Pero no soporto al trasnochado que me intenta vender ser el más moderno del mundo. Se engaña a sí mismo y pretende engañar a los demás. Y eso es patético. Eso es una mentira de persona. Una vida de mentira.

Los que pronuncian "seso" en lugar de "sexo" son personas de mentira. Son patéticos.

jueves, 23 de agosto de 2007

El trago que nos dejamos en la botella


Pasaba todos los días por delante. Nos quedábamos mirando hasta que yo rebasaba el local. Él, siempre tras la barra, monarca de una tierra desolada. Yo, camino de mis asuntos. Jamás ví que hubiera más que dos clientes, y esto en los días más concurridos. El bar de al lado, más grande, más limpio, más elegante y con platos combinados en la carta le robaba todos los clientes.


Lo normal era verle allí, con camisa de manga corta hasta en enero y un trapo que rara vez abandonaba su hombro. Y a pesar de su soledad, nunca le vi ansioso porque entrara un cliente. Se había acostumbrado a que no entrara nadie, y le gustaba. Era el dueño de cuanto veía, y nadie invadía sus dominios. Era, tras una sucia y larga barra, el rey de un trocito inhóspito de mundo, separado del resto por una luna que siempre dió la impresión de haber conocido días mejores.


Siempre me cayó bien aquel tipo. A pesar de no sacar una mísera peseta del negocio, allí estaba todos los días. "No sé de qué vivirá este hombre", comentaba la gente. Yo empezaba a pensar que no necesitaba nada para vivir, salvo estar en su local. Siempre me gustó aquel sitio. La suciedad del suelo me recordaba a las cantinas del lejano oeste, y estaba seguro de que el barman me dedicaría la misma cara inexpresiva que se le dedicaba al Hombre Sin Nombre al entrar en aquellos tugurios, mientras me servía una copa de su whisky agrio.


Siempre quise entrar allí. Y nunca lo hice. Ahora es un Kebap, y con muchos clientes. Los trocos de carne asada han sustituido a las botellas llenas de polvo. Las salsas han ocupado el lugar donde antes estaban los vasos, esos que nadie usaba. El aroma de la comida ha suplantado al del cigarrillo. Y no sé nada de aquel tipo. En la botella quedo aquel trago que nunca nos tomamos. Adiós, amigo.

martes, 21 de agosto de 2007

Humo, azar... SMOKE


"En fin, cuando vas a morir qué es más importante, ¿un libro o un cigarrillo?"


Un novelista incapaz de escribir tras perder a su esposa. Un joven enigmático, que cambia de identidad para cada persona que conoce. Un padre ausente. Una mujer que vuelve después de muchos años, con una sorpresa. Un vendedor que fotografía todos los días el mismo lugar, a la misma hora. Las vidas de todos ellos se cruzan, y el azar hace que cambien el destino los unos de los otros.


En 1990, el director de cine Wayne Wang compra el periódico con la única intención de informarse sobre la Guerra del Golfo. Pero además de ello, encontra algo más. Un relato, escrito por un tal Paul Auster, que le seduce desde el primer momento. Se trataba de "El cuento de Navidad de Auggie Wren". Tiempo después, el director llama al escritor y le propone un guión basándose en esos personajes.


Auster, auto-denominado "un escritor muy poco cinematográfico", no dudó mucho antes de sentarse ante la máquina de escribir y, con el aroma de uno de sus puritos holandeses impregnando la habitación, crear un guión que bien podría haber sido otra más de sus novelas (cualquiera que haya leído "Brooklyn follies" detectará la más que evidente semejanza), y que no resulta más que una excusa para rendir tributo a su personaje más querido, auténtico protagonista de su obra, el azar.


En este caso el azar toma forma de establecimiento, el ESTANCO DE AUGGIE WREN, ese lugar donde todo el mundo entra y deja su huella, los extraños se encuentran y otros pasan el día charlando de béisbol o sobre las teorías conspiratorias del Pentágono. Y es en torno a este pequeño lugar, una insignificante tienda en una de las miles de esquinas de Brooklyn, donde se teje toda una telaraña entre los personajes, demostrándonos que nadie es un extraño, por mucho tiempo.


Sin embargo, Smoke no solamente es el resultado de un soberbio guión y una magnífica dirección plagada de sensibilidad (en la que Auster dirigió algunas escenas, aunque no está acreditado como tal en los créditos) , sino también de las brillantes actuaciones de un elenco de actores impresionantes, entre las que destacan William Hurt (en el papel de Paul Benjamin, nombre con el que Auster publicó su primera novela, "Jugada de presión", además de ser Benjamin el segundo nombre del autor), un enorme Forest Whitaker y el soberbio Harvey Keitel, en el papel de Auggie Wren, ese hombrecillo de camisas holgadas que vende cigarrillos y protagonista del mejor cuento de Navidad que hayas podido oír nunca, y además verídico.


Una película imprescindible para todo amante del universo Auster, para los aficionados al buen cine o para cualquiera que desee pasar un buen rato delante de la televisión. Una deliciosa fábula urbana, perfecta para ver en tardes lluviosas con un cigarrillo entre los labios.

jueves, 16 de agosto de 2007

That´s all right Mama


Hoy se cumplen treinta años de la desaparición del Rey. Digo la desaparición porque no me atrevería a afirmar a pies juntillas que aquel día de 1977 muriera Elvis Presley. Más que nada porque en Estados Unidos es perfectamente legal fingir tu propia muerte siempre y cuando tu familia no cobre el seguro de vida. Y la familia Presley aún no ha visto un duro de la aseguradora. Tampoco es que les haga mucha falta; solo con una pizca de los royalties que genera el rockero viviría holgadamente cualquier familia. Sin embargo ahí queda la duda ¿Murió o simplemente decidió dejar atrás toda esa vida de fans, drogas y excesos?

En menos de vinte años se convirtió en uno de los símbolos más importantes del siglo XX. Un antes y un después en la música popular que de repente, pasó a convertirse en un verdadero fenómeno de masas. Podríamos decir además, que este joven de Tupelo fué el precursor de el “cocktail” de “rock y sexo” que tanto juego le han sacado las pop Stars y las boy-bands de los noventa (Spice Girls, Take that, Britney Spears…). Porque los bailes sensuales y estrambóticos de Paulina Rubio y compañía no son más que la evolución de aquellos movimientos de cadera que escandalizaron a los sectores más retrógrados de la sociedad americana de la época.

Personalmente, mi historia con Elvis comenzó un día de todos los santos de 1995, cuando aburrido en mi casa, a mis ocho años, rebuscaba en un cajón de cassetes viejos de mis padres y encontraba una grabación en la que venía escrito a mano “Cara A: ELVIS PRESLEY/Cara B: THE BEATLES”. Pasó a convertirse en “mi cinta”. La música que sonaba una y otra vez en mi habitación. En cuanto acababa el “Rock de la cárcel (Jailhouse rock)” rebobinaba la cinta para volver a oírlo; así hasta el infinito (y más allá). De esta forma, Elvis se convirtió en uno de mis modelos masculinos a imitar. Me peinaba como el, intentando remarcar lo más posible un improvisado tupé que después mi madre me remodelaba para que no llamara demasiado la atención. Con el tiempo fui creciendo y madurando, sin embargo aún conservo ese tupé que –como todo el que me conoce sabe- forma ya parte de mi fisonomía.

Así que hoy he pensado que debía hacerle un pequeño homenaje en el estanco a este personaje tan significativo para mí. Y por eso a todos los que me estéis leyendo, os rogaría, pincharais el link que pongo a continuación y encendierais vuestros altavoces.




Se trata de “That´s all right Mama”, su primera canción; el tema con el que saltó a la fama. Ese famoso “regalo de cumpleaños” que Elvis Aaron Presley quiso hacer a su madre. Para mi, su mejor trabajo, el más fresco y el más sentido. Tan solo él y una guitarra acústica consiguieron cambiar la cultura pop para siempre.

lunes, 13 de agosto de 2007

Una noche en Tintín

Ayer estuve en Tintín. Había quedado con mi amigo Rodrigo y su caterva de mujeres (es decir, su novia y sus amigas). El hombre acaba de volver de la India, de grabar su primer largometraje documental y de paso, sonar los mocos a cuatro niños desnutridos en las calles de Bangalore (¿o es al revés?). Habíamos quedado en el Swels, un bar amplio, con un techo alto que permite que por mucha gente que haya nunca te sientas del todo agobiado. Aunque uno siempre siente cierta congoja al saber que como mínimo, se va a encontrar con tres compañeros de partido con tan solo dar un paseo hasta el cuarto de baño. Y así fue; no hago más que entrar y me encuentro, nada menos, que con el gran Alfonso. Hablamos lo que dura el cigarrillo que se enciende. Después, continúo paseando por el bosque de gente, en vano, porque no encuentro a Rodrigo. Salgo. Le llamo; ahora está en Tintín. ¡Mierda! Si hay un sitio a evitar en esta ciudad es ese local.

Tintín sería un fantástico bar/discoteca de no ser por la atronadora e incesante música (aunque parezca contradictorio, dicen los expertos que eso es melodía), la más que tenue luz azulada, la escasez de sillas y la densidad de gente. Bueno, tampoco echaría de menos una decoración algo más cuidada y menos de antro. De la música hablo otro día… El caso es que me planto en el tugurio. Gracias a Dios, el tipo de la puerta no me ve cara de niño y ni me pide “deneí” ni me obliga a dejarme ensuciar la mano con un ridículo sello. A eso lo llamo suerte.

Como era de esperar, a la puerta me encuentro con otro colega de Nuevas Generaciones; charla típica de verano “¿Estudiando mucho?”, “Lo justo, jajaja”, “Bueno a ver si quedamos uno de estos días”. No avanzo dos pasos, me encuentro con otro; la misma operación. Consigo llegar al fondo. Grito atronador “Rodriiiii”, abrazos, besos… en fin, lo que se espera para recibir a un amigo que acaba de volver de la India. Conversamos lo que nos deja el incesante ruido, al calor de un cigarrillo traído del mismo Bangalore (son más cortos que los nuestros, especialmente los filtros). Pido una cerveza. Me pringo los brazos del agua/ron-coca-cola/destornillador/otras tirados en la barra (¿es que los camareros no saben que de vez en cuando viene bien pasar un trapito?) y vuelvo a donde mi amigo. Intentamos reanudar la conversación pero ya es imposible. Al ruido se unen sus hormonas y las de su novia. Y ante eso uno no tiene nada que hacer más que pulular de nuevo por el bar (las otras chicas que nos acompañaban habían desaparecido momentáneamente) a ver si me encuentro a algún pepero más. Lo encuentro. Nuevas charlas típicas estivales. Entre medias voy a la máquina a por tabaco. Prosigo las conversaciones, esta vez con un truja entre los dedos. Finalmente mi amigo me hace una seña. Nos vamos.

En esto que ya es la una y media. La peor hora para salir de ningún bar, porque te cae la maldición de peregrinar de un lado a otro del Centro para elegir de una puñetera vez a que otro sitio vas. Al final siempre acabas con tus huesos en algún banco de Fuente Dorada esperando a que poco a poco, la gente con la que vas vaya despidiéndose. Esta noche no fue distinto. Rodrigo, su novia, y yo acompañamos a una amiga suya a su casa, de ahí, la parejita se fue por su cuenta y yo me quedé solo. Es el sino del eterno sujeta-velas. Que siempre vuelves solo a casa.

miércoles, 8 de agosto de 2007

"Final Cut" para Blade Runner


"Replicante": Robot con apariencia completamente humana. Tras un sangriento motín, fueron declarados ilegales en la Tierra.

"Blade runner": Cuerpo especial de policía encargado de encontrar y retirar a los replicantes que se hallan en la Tierra.

Tercer asalto (y esperamos definitivo) para la obra maestra de la ciencia ficción dirigida por Ridley Scott. Estrenada en 1982, el film adapta la novela de Philip K. Dick "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?". Se trata, sin embargo, de una adaptación bastante libre, llegando Scott a admitir que no había leído el libro. El título proviene de una novela de Alan Nourse, en la cual se inspiró William Burroughs para escribir un guión que nunca se rodó.
La película presenta una sociedad futurista distópica a través de su visión de la ciudad de Los Ángeles en el 2019 (la fecha planteada originalmente era el 2020, no obstante se eligió la otra fecha, a fin de mostrar un futuro imperfecto) que sufre de superpoblación y en la que se hallan en busca y captura cuatro replicantes capaces de todo. Ante esta situación, la policía decide acudir a Rick Deckard (Harrison Ford) quien se ha retirado de la profesión. Deckard, una especie de Philip Marlowe futurista, acepta a regañadientes, tras conocer a una bella replicante de un modelo perfeccionado, en el que se han implantado recuerdos para que desarrolle una respuesta emocional. El film pasará entonces de ser una simple obra de ciencia ficción a convertirse en una profunda reflexión sobre lo que hace humano al hombre. Porque los replicantes son idénticos a los humanos, y a pesar de carecer de la capacidad para tener sentimientos, tras saber que su tiempo se acaba, han venido hasta la Tierra en busca de más vida. Así pues, ¿qué diferencia a un replicante de un humano?

Hasta aquí, nada motivaría que una película de hace 25 años apareciese en este blog. Sin embargo, ese es sólo el principio. Diez años después del estreno, es decir, en 1992 (año en el que se ambienta la novela), Ridley Scott sacó a la luz un nuevo montaje de la película, que llevaba por nombre "Director´s cut", con sensibles cambios respecto a la versión original, como la eliminación de la voz en off (impuesta por los productores), el corte del final feliz y, sobre todo, la insinuación de que Deckard pudiera ser un replicante. Esta posibilidad ya se mostraba en la versión original, pero de una forma un tanto velada.

Ahora, veinticinco años después de su estreno comercial, Scott vuelve al ataque con una nueva versión, titulada "Blade Runner: The final cut", y que será estrenada en el festival de cine de Venecia de 2007. Parece ser que el motivo es sacar a la luz metraje original que quedó en la sala de montaje, y centrarse especialmente en un sueño acerca de un unicornio que tiene Deckard, apuntando esta vez sin lugar a dudas que se trata de un replicante. Sin embargo, acerca de este hecho todavía hay polémica, ya que Harrison Ford lo niega.

Quizás esa sea una cuestión que debamos dilucidar cada uno en nuestro fuero interno, planteándonos qué significa en realidad ser humano. Quizás ese sea el verdadero mérito de Blade Runner.

lunes, 30 de julio de 2007

Sueños ante una caña

Inauguramos la etiqueta "Historias de bar", con esta conversación escuchada directamente por dos de los clientes habituales del estanco:






Barman: Oye, ¿has visto la película de esta tarde?

Cliente: (Sin prestarle mucha atención) No...

Barman: La mejor película que he visto. Las aventuras de Jeremiah Johnson. ¿La has visto?

Cliente: Pues no sé...

Barman: Joder, lo que me hubiera gustado a mí ser así. Medio indio, viviendo en la naturaleza, repartiendo hostias...

Cliente: ¿Hostias? ¿A quién?

Barman: A todos. A los osos, a los indios...


Entra un cliente, de rostro curtido.


Barman: Sí, el Jeremiah Johnson. Como ese que entra... ¿Qué pasa Jesusín? ¿Lo de siempre, un vinito? (Volviéndose al primer cliente) Y la semana que viene espero que echen la segunda parte, El regreso de Jeremiah Johnson, con más hostias...

Otro cliente: ¿Viene la caña o tengo que ir a buscarla?

Barman: ¿Ves? Si yo fuera el Jeremiah Johnson...

sábado, 28 de julio de 2007

Un año sin Mickey Spillane


El 17 de julio (sí, van once días de retraso, pero es que por aquellos días esto no estaba en funcionamiento) se cumplía el primer aniversario de la muerte del padre del "hard boiled", Mickey Spillane.
Frank Morrison Spillane nació en 1918 en el barrio neoyorkino de Brooklyn, hijo de un camarero católico y una presbiteriana, donde leyó a clásicos como Dumas además de cientos de comics, lo que influyó claramente en su estilo "pulp". Spillane alternó sus estudios en la universidad con la redacción de guines de cómics: se trataba de las primeras aventuras del Capitán Marvel, el archiconocido Capitán América y, especialmente, Mike Danger, un detective que cumplía su cometido en el espacio sideral. Este último constituye un verdadero antecedente de la que habría de ser su creación más importante: el detective Mike Hammer. Un personaje sádico, sexista, violento, brutal, anticomunista y cercano a la psicopatía. Cuando regresó a Nueva York tras la Segunda Guerra Mundial, en la que sirvió como intructor de las fuerzas aéreas, Spillane necesitaba dinero. Así, para sufragar los gastos de alquiler, en dos semanas creo a Hammer.
El resto es leyenda. Una saga protagonizada por su detective, varias películas basadas en sus obras (a destacar "El beso mortal", de Robert Aldrich), varias series de televisión (la más recordada, "La ciudad desnuda") y 140 millones de novelas vendidas en todo el mundo hablan por sí mismos. Hammer es el contrapunto de todos los detectives elegantes, alguien ante quien Sam Spade no pasa de vulgar chulo de playa y Phillip Marlowe aparece como una tremenda nenaza. Y es que Spillane no sólo creó un personaje inolvidable, sino todo un género. El "hard boiled" constituye una ruptura con toda la novela negra anterior, y un referente para la actualidad del género. El "hard boiled" proporciona un marco de sexo y violencia donde el detective es rebajado al mismo nivel que los delincuentes, empleando los mismos (y peores) métodos que éstos en su lucha contra el crimen. Sus motivos no son puros, como ocurría con sus antecesores. Ahora son sentimientos como la venganza y las ganas de desquite. Sus herramientas, los puños y las balas. Su método, disparar, volver a disparar y después preguntar.
Su novela "Yo, el jurado", primera de la saga de Hammer, vio la luz en unos días en los que la crítica literaria estaba tomada por los comunistas, por lo que no es de extrañar que el más anticomunista de los personajes de ficción y sus violentos métodos fueran masacrados sin piedad. Pero fue precisamente esos aspectos cuestionados los que conectaron con el gran público, y provocaron que la novela fuera un éxito de ventas.
Sus historias, plagadas de tiroteos y palizas, también cuentan con mujeres de infarto, entre las que destaca la única a la que Hammer quiso, su secretaria Velda, cuyo secuestro provoca la intriga acontecida en "El beso mortal" (1952). Dicen las malas (o buenas) lenguas que la segunda mujer de Spillane, Sherri Malinou, fue la chica de la portada de varias ediciones, y el propio autor llegó a interpretar a su personaje en el cine.
Espero que estas palabras sirvan para recordar a la que fue la pluma más brutal de la novela negra (con permiso de James Ellroy) un año y once días después de que nos abandonara. Hasta siempre, Mickey.

jueves, 26 de julio de 2007

Enemigo público Nº1

Han atrapado al Solitario. Toda una nación se alegra al ver la efectividad del trabajo policial. Y sin embargo yo estoy de luto. Ni él mismo, sonriente y alzando el pulgar, parece darse cuenta de la situación. Es la hora de entonar un réquiem por la profesionalidad. No, no me llamen loco todavía. Esperen a oír toda la historia.
25 de Julio de 2007, festividad de Santiago, día 1 tras la captura del Enemigo Público Nº1. En un bar con nombre de novela negra, la clientela del estanco disfruta de unas cañas y el placer de la conversación. Una pregunta interrumpe la charla. "¿Tenéis un euro?" Entonces empieza la típica explicación digna de un programa de Iker Jiménez: "es que soy de un pueblo, y necesito coger el bus y..." La respuesta, tres miradas perdidas y un escueto "no", no convence al tipo, y acudimos al truco. No, lo sentimos, tenemos lo justo para las cañas, blablabla. Aún empeñado, sigue con el tema: "¿Monedas no? ¿Y algún billete?" Viendo que no va a obtener ningún resultado, se va disgustado.
¿Pero qué ha sido del atracador de toda la vida? ¿Adónde ha ido el temido: suelta la pasta o te mato? (La bolsa o la vida, si nos ponemos nostálgicos) Todos recordamos a Bonnie y Clyde, John Dillinger, Machine Gun Kelly o Baby Face Nelson, personajes famosos de la Gran Depresión. En nuestra memoria permanece el mítico Jesse James, inventor de los asaltos a los trenes. A nivel nacional, jamás olvidaremos al Lute. Vale, no fueron hombres buenos, vivieron saltándose la ley y su único sueño era robar el dinero a la gente. Pero eran los mejores en su trabajo, y eso siempre es digno de elogiar. El Solitario ha sido capturado y será juzgado por la justicia, porque esto ya no son los años treinta y no se lleva lo de freír a la gente a tiros. También se ha perdido aquello de morir con las botas puestas. Y ahora lo único que nos queda son gente que nos dice: "¿Me das un euro?", y ni siquiera se molesta en consequirlo.






Estoy de acuerdo contigo en casi todo, tío. Pero pienso que el Solitario sabía perfectamente que el momento de su captura era un hito en la historia policial de España y será narrado por algún guionista de cine algún día. Se estaba convirtiendo en un protagonista de la mitología criminal junto al Lute, el Vaquilla o Bonnie y Clyde. Un ejemplo a imitar por los de su profesión. Y es que ¿que le motivó a "El solitario" emprender su carrera delictiva? La razón no es otra que su propio ego. Si hubiera necesitado un "puñao de parné", con los primeros golpes habría llenado el calcetín lo justo como para dejarlo a tiempo. Sin embargo siguió. Había nacido para ello. Coleccionaba armas, cada vez buscaba objetivos más difíciles... y tenía su propio sello profesional. Eran atracos "de autor".

Finalmente consiguió lo que quería; tener a toda la policía detrás suyo. Ser el sueño de todo joven policía con ganas de ascender rápidamente y salir en todas las portadas de los medios. Quería hacer historia. Por eso, podríamos decir que murió con las botas puestas, o lo que es lo mismo, con la estima bien alto. Cayó como un grande, orgulloso, pavoneandose delante de sus captores y dándoles de que hablar. La traca final y el principio de su leyenda. Nos demostró a todos que hasta en los lugares más deplorables de la condición humana existe dignidad.

Fumar mata

(Fonseca está apoyado en el mostrador de la tienda examinando concienzudamente el paquete de tabaco que acaba de comprar) “Fumar mata”. ¡Tócate los cojones! ¿Os imagináis que pasaría si todo lo que puede ser malo para la salud tuviera una etiqueta diciendo “beber mata”, “empacharse a pepinillos mata”… “dar una vuelta a la manzana puede matar”… ? (se saca un cigarrillo y se lo enciende) No soy gilipollas y sé tomar mis decisiones ¿Es tan difícil de entender? Se que fumar no es bueno para la salud… pero si pongo en un lado de una balanza el perjuicio que me causa y en el otro, el placer que me reporta… merece la pena meterme un pitillo entre pecho y espalda de vez en cuando…

Además no me creo que sea tan malo como lo pintan. De ser así todos los fumadores acabarían con cáncer ¿no? Nah… es todo una jodienda para acojonarnos. Como el efecto invernadero y toda esa mierda.

martes, 24 de julio de 2007

Cosas que no se venden




Escribe: Eduardo González

En fin, pregúntale a Auggie si te vende alguna de las fotografías de su álbum. Uno debe tener principios, ya lo sabes. Es preciso tener cuatro o cinco cosas claras, aunque sean absurdas, a las que aferrarse. Maldecir por un disco...¿a quién se le ocurre? Pero ya sabes cómo funciona el mundo, con futuros y pasados que te hacen avanzar. Y si dejo escapar ese pedazo de vida, ¿cómo voy a recuperarlo?.
Adelante, te invitaré a una copa para que escuches ese LP siempre que quieras, pero de esa oscura redondez no hay trueque. ¿Fetichista? Elige el adjetivo. Ya ves que es el mismo blues de siempre, no es nada imposible de encontrar por ahí. Como veas, si quieres seguir molestándote en ofrecer dinero a cambio, hazlo; nada más estéril.
Dinero por eso...
¿No te habrás vuelto loco, verdad?



Responde: Borja "Cowboy" Gil

¡Qué típico de nuestros días, confundir objetivismo con locura! Te agradezco la copa y ten por seguro que nos tomaremos unos tragos a la buena salud del genio de Cale. Pero esa no es la cuestión. Está claro que hemos de tener unos principios, ya que sin ellos no se puede ir ni a la vuelta de la esquina. Pero has de recordar que, si tú te mantienes en tus trece, los demás también. Tú tienes el objeto de deseo y, por lo tanto, la última palabra al respecto, pero eso, amigo mío, no te da el poder. Está claro que puedes negarte millones de veces, y posiblemente lo harás, pero eso no importa. Espero que seas consciente de que todos gastamos principios, y uno básico es que, si estás convencido de algo, debes llevarlo a las máximas consecuencias. ¿Qué sería de todos nosotros si nos rindiésemos a las primeras de cambio? El fracaso es el hijo de la falta de dedicación. Está claro que no vas a conseguir siempre lo que quieres (si así fuera, ¿dónde estaría la gracia?), pero intentándolo tal vez puedas atisbar un poco de felicidad. Ya no importa lo acertado que esté, porque, qué es más importante, ¿defender una teoría acertada o defender una teoría? Aunque está claro que esto, en los tiempos que corren, puede ser confundido con enfermedad mental digna de estudio. Ya sabes, en una sociedad loca, el hombre sano debe parecer enfermo.