Café, conversación...

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jueves, 1 de noviembre de 2007

Hacia la frontera


Cabalgaba con los hombros caídos, el mismo aire cansado del bebedor habitual al acodarse en la barra. El sombrero calado hasta los ojos y un cigarrillo perfectamente liado asomando entre los labios. La cabeza caída sobre el pecho, dormitando. La ropa llena de polvo del camino hacia la frontera. Una manta, una cantimplora y un Colt del ejército eran todo su equipaje.


Llevaba así un buen rato cuando llegó a los pies del único árbol que había en varios kilómetros. Un enorme pino al que habían podado totalmente. Tan sólo tenía una rama, hecha de cuerda, con un hombre colgando al extremo, el fruto de un árbol seco. Las manos atadas a la espalda, balanceándose en el aire. Tenía los ojos semicerrados y la lengua le asomaba entre los labios. La cara tenía el tono azul propio del que ha muerto ahogado. Había debido tardar unos veinte minutos o algo más.


Se quedó allí un rato, siguiendo el movimiento del cuerpo con los ojos. Entonces bajó la cabeza y miró a los pies del árbol. Sentado sobre sus cuartos traseros estaba un perro. Los ojos fijos en el cadáver. La mirada triste, el aspecto famélico.


Tomó el cigarrillo entre los dedos y lo mandó de un capirotazo al otro lado del camino. Cogió su cantimplora y bebió. Bajó del caballo, se echó agua en la mano y la extendió hacia el perro. Receloso al principio, el perro dio un par de pasos hacia atrás. No adelantó la mano ni hizo gesto alguno. El perro miró hacia el ajusticiado, como asaltado por un repentino recuerdo. Avanzó lentamente y bebió. Le hizo cosquillas en la mano con la lengua y después se sentó ante él, con la misma mirada triste.


Montó de nuevo y se llevó dos dedos al sombrero a modo de saludo. Golpeó ligeramente con los talones y emprendió el viaje de nuevo. No tardó en percatarse de que alguien le seguía. Se dio la vuelta, adivinando la respuesta antes de hacerse la pregunta. Allí estaba el perro, la mirada triste y apoyado sobre los cuartos traseros. Esbozó una media sonrisa y señaló algo. El perro siguió la trayectoria del dedo hasta el cuerpo que colgaba del árbol. Volvió a mirarle a él.


Se encogió de hombros y siguieron juntos su camino.

4 comentarios:

Yo voto al PP dijo...

Vota al PP para que se sepa la verdad.

Saludos cordiales

Fanático dijo...

Qué cojones tiene que ver eso con la entrada?

Me gusta como escribes, auggie...creas ambiente, tio ;)

Eduardo González García dijo...

Ya sé yo que tú sabes que sé que sabes que....vamos, que me gustó el entremés. Ya lo sabes, ¿no?...

Auggie Wren dijo...

Lo sé, lo sé.