Café, conversación...

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sábado, 3 de enero de 2009

Razón de más



La biblioteca estaba abierta desde las 7:30, muy pronto incluso para nosotros. Durante media hora permanecía desierta, y éramos dueños de un silencio que hacíamos añicos a placer. Como en una suerte de ritual iniciático, la cantinela se repetía sin apenas variaciones. 

 

El primero en llegar era Arnold Farr, un tipo de Delaware demasiado pobre y demasiado judío como para estudiar en una de las grandes universidades del país. Irremediablemente nos esperaba con su ordenador portátil sobre las rodillas, con cara de póker, muy serio, golpeando las teclas como si en ello le fuera la vida. 

 

...y estamos en un escenario donde, cada vez con mayor fuerza, los poderes públicos interfieren en las vidas y negocios de los individuos, pero sin que éstos cumplan con su responsabilidad de controlar la cosa pública; no solo sucede esto en los Estados Unidos, sino en la mayor parte de las democracias...

 

Los otros dos de nosotros, Lee y yo, solíamos encontrarnos antes de entrar en la Facultad. Los abuelos de Lee eran japoneses, y aunque él no sentía ninguna clase de apego por aquel país, conservaba ese rictus protocolario que allí adoptan en toda ocasión. Llevaba sus cosas en una vieja bolsa marrón, y las manos en los bolsillos. En cuanto a mí, me limito a transcribir lo que allí se dijo. Aunque de vez en cuando aportaba algo -solía encargarme de las biografías y de algún que otro reportaje-, mi trabajo era aprender de aquellas dos cabezas y publicar sus conclusiones.

 

 

-          Así no vamos a ninguna parte. - dijo Lee con seriedad. Accionaba con frenesí el ordenador para subir y bajar el texto por la pantalla. - No me gusta, cámbialo.

-          No sé a qué te refieres…lo que pone es cierto. La libertad política está viéndose comprometida a una velocidad que asusta…al menos a mí.

-          Que sí, que sí, pero no estás siendo contundente. Tienes…que construir mejor el ataque.

-          No entiendo.

-          Joder, Arnie, lo hemos hablado más de cien veces. ¿Crees que con escribir verdades basta? ¡Hay que lograr introducir confrontación, por el amor de Dios! - Arnie pega un brinco en su asiento.

-          No consigo entender esa manía tuya. ¡Esto no es un libelo!

-          Baja la voz, ¿quieres? Primero, por supuesto que no lo es. Estamos haciendo algo bastante importante, no un simple panfleto. Tenemos una tirada de 950 ejemplares, y las descargas de nuestra web llegan a las 700 diarias. ¡Gente del todo el país nos sigue cada semana!

-          Pues lo que yo digo, que este estilo es el que gusta. No entiendo por qué dices que…

-          Y segundo, sabes perfectamente que eres mejor que yo escribiendo y pensando. Tus ideas me superan, qué quieres que te diga. Pero has de reconocer que para lograr el dinamismo que pretendemos con la revista tenemos que ir más allá de la mera exposición de hechos.

-          No, sí eso es correcto. ¿Crees que es un problema de estética?

-          Tal vez lo sea. Estamos siendo precisos en la argumentación política, no veo inconveniente en explotar la potencia de esas ideas utilizando ciertos golpes de estilo.

-          Espera, espera. Entonces lo que dices es que para hacer llegar el mensaje hace falta disfrazarlo un poco.

-          Exacto, solamente así se logra inducir la opinión. No es cuestión de mentir, pero la sombra de ojos y el colorete ayudan a razonar.

-          Ya, pero no deberíamos usar ese camino. Lo nuestro es introducir en la sociedad una serie de ideas políticas.

-          Razón de más.

 

4 comentarios:

Capitana dijo...

Cierto, no hay político que no adorne lo que dice con palabras que suenen mejor o liando las cosas para que la gente no se de cuenta de lo que proponen, o simplemente callando.

Y parece que la gente lo prefiere así, el que mejor disimule parecerá que lo hace mejor.

Duncan de Gross dijo...

...Ays, la demagogia política...

Billy dijo...

clap, clap...me quito el sombrero. Llevaba un tiempo desenganchado de estas cosas pero con textos asi ¿quién no vuelve a reincidir?


Salud!

Beauséant dijo...

de que forma tan sencilla lo has explicado.. la verdad no le gusta a nadie, y menos en política,la gente lo que quiere es tomar posición, que les diga (nos digan) lo que debemos pensar y punto...