Café, conversación...

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martes, 6 de enero de 2009

Fedor Dostoievsky



“Estoy convencido de que ninguno de nuestros autores, antiguos o modernos, ha escrito en las condiciones en las que yo vivo constantemente.” (F.D. 1866)


Hijo de un terrateniente, Fedor nació en Moscú en noviembre de
 1821. A pesar de su disgusto, estudió ingeniería. Su madre fallece en 1831 debido a la tuberculosis, y en 1839 muere su padre, aparentemente a manos de sus propios siervos. Tras terminar sus estudios, y hasta 1944 trabajará como ingeniero para el ejército. Precisamente de ese año es su primera novela, “Pobres gentes”. De espiritualidad cristiana, pronto comienza a abrazar las ideas socialistas, y acude cada viernes a reuniones clandestinas.

A causa de todo ello, en 1849 es arrestado, y Dostoievsky protagoniza una de esas historias memorables. Una mañana, él y un grupo de presos son dirigidos al patio de la prisión. Van a ser fusilados. Tres de los presos son colocados ante los mosquetes. Dostoievsky sabe que después será su turno. Tan sólo unos segundos antes de la descarga, un soldado entra corriendo con la orden del zar: se conmuta la pena. A cambio, Fedor es dirigido a Siberia para realizar trabajos forzados. En el campo, entra en contacto con ladrones y asesinos. A riesgo de ser castigado, comienza a escribir un diario: no comprende que hay en la mente de los hombres, de sus compañeros presos. Ve claro que sólo el sufrimiento –que él mismo padece- es capaz de reconducirles.

Su estancia en Siberia le marcará profundamente, aumentando su gusto por los caracteres fuertes y los recovecos del alma. En 1857 contrae nupcias con María Dmítrievna Isáyeva, una mujer enferma de tuberculosis. Los años posteriores a 1862 serán el torbellino que le llevará a través de las penurias y de las grandes novelas. Comienza a viajar por Europa, visitando casinos. Fedor pierde a la ruleta grandes sumas, después de jugar durante días enteros. En una carta describe cómo está convencido de poder calcular, si se concentra, el lugar donde parará la bola. En 1864

muere su mujer y su hermano, y el escritor ha de hacerse cargo de su viuda e hijos. Acosado por las deudas, vuelve a Europa, donde empieza a verse con una mujer, Paulina Súslova, modelo de mujer infernal, un carácter que atraía siempre a Dostoievsky. 

Siguen las pérdidas. De vuelta a San Petersburgo, en julio de 1865 acepta un compromiso editorial con Stellovski, concediéndole la exclusiva de sus obras ya publicadas y ofreciéndole una novela inédita antes del 1 de noviembre de 1866. El no cumplimiento del contrato supondría la pérdida de los derecho y de los anticipos. Dostoievsky se la juega, y cobra de otro editor los anticipos por el lo que iba a ser “Crimen y castigo”. Tenía menos de un año para entregar dos novelas. Contrata a Anna Snitkina, una joven taquígrafa a quien dicta entre el 4 y el 29 de octubre de 1866 la novela “El jugador”, un recorrido por sus recuerdos y desgracias con el juego. En febrero se casará por segunda vez, con Anna.

Fedor sufre cada vez más a causa de su epilepsia, con ataques que le dejan indispuestos por varios días. A pesar de todo, en la década 1867-1877 escribe diez novelas. El mismo confiesa que sus mejores escenas y personajes fueron creados en los momentos de mayor sufrimiento. Desde 1973 hasta su muerte en 1881 publica “Diario de un escritor”. Aunque la estructura del periódico solía cambiar en cada entrega, incluía cartas, opiniones sobre temas de la actualidad rusa y relatos cortos. Tuvo gran éxito. En 1879 ve la luz su novela “Los hermanos Karamazov” obra que termina por afianzar a Dostoievsky como gran autor ruso.

Dostoievsky está influido por sus vivencias más que por otros autores. Su búsqueda de razones para la maldad, la autodestrucción o el peligro de la vida, queda volcada en sus novelas. Sus páginas están llenas de su propios días, de un Dios que viene y va, de apuros y desventuras, de sufrimiento, del San Petersburgo sucio y aterrador y de la Rusiamalherida. Una referencia clara allí, en lo más hondo del XIX, fue su quehacer literario un incansable indagar en el alma humana, en las abruptas situaciones que desencadena y en las terribles consecuencias que desarrolla. Murió a los 59 años, un 28 de enero de 1881.

8 comentarios:

La pequeña Lo dijo...

Siempre se dice que de las mentes torturadas salen las mejores obras. Interesada por la literatura rusa y a punto de leerme Crimen y Castigo, al final me he decantado por Tolstoy. Bueno, más bien me ha ayudado a decantarme un regalo de Reyes. Podría ser peor.

La pequeña Lo dijo...

Uy, y feliz año!

Fanático dijo...

Hola Auggie! lo primero feliz año. Empecé a leer crimen y castigo, pero lo abandoné por la imposibilidad de leerlo en el autobus, que es donde suelo leer yo. El libro es un volumen con diversas obras de escritores rusos llamado "maestros rusos" y es un autentico tocho. demasiado para llevarlo de aqui para alla. de todas formas me estaba gustando y volvere a el cuando acabe el palacio de la luna de Auster. por cierto, ese lo has leido?
saludos!

Borja F. Caamaño dijo...

El dolor nos hace más fuertes, sin duda, sino pregúntale a Pike a última hora de la noche... cuando incluso las cucarachas han abandonado el Korova.

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado.

Auggie Wren dijo...

¡Cuánto tiempo! Sí, he leído "El palacio de la luna", y me parece de lo mejor de Auster. Desde mi punto de vista, mucho mejor que "La noche del oráculo", por ejemplo.

Sláinte.

Duncan de Gross dijo...

El amigo Dosto, desde luego ha influido en muchos grandes escritores del XX, y no dejará de hacerlo. En cuanto a Auster, me apunto ese libro que comentáis ya que sólo me he leido "Tombuctú", que me pareció una auténtica joya y que se lo he regalado a dos grandes amigos estos Reyes y "A Salto de Mata", bastante autobiográfico...Un saludete y Feliz Año amigo Wren!!!

Capitana dijo...

La primera novela suya que me leí fue "Crimen y castigo", uno de mis libros favoritos, era una de las recomendadas en mi clase para leerse durante el curso, a partir de ahí seguí leyendo sus obras.

Maravilloso escritor, en serio, admiro sus obras.

Beauséant dijo...

lo curioso es eso, que si no hubiese sufrido de esa forma no podría haber escrito lo que escribió.. contar todo lo que el escribió desde la comodidad del sofá no habría tenido fuerza...