Café, conversación...

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miércoles, 23 de septiembre de 2009

Malditos Bastardos (I)


(Atención, es seguro que contenga spoilers)


Todo empieza con una frase de cuento: "Érase una vez... en la Francia ocupada por los nazis". Teniendo en cuanta esto, poco debería importarnos el rigor histórico de lo que vamos a ver durante las próximas dos horas y media. Porque no nos engañemos. "Malditos bastardos" puede estar ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, pero no es una película de guerra. Su tema central es el cine. El amor al cine y lo que éste significa: el cine como religión, como vida y también como arma, arma al servicio de la venganza y la justicia.

No todos los días tiene uno entre las manos una joya como ésta, así que vamos a adentrarnos un poco más en ella.


Capítulo 1: "Érase una vez... en la Francia ocupada por los nazis" o cómo convertir la invasión nazi en un spaguetti-western.

Desde los créditos de inicio ya sabemos que estamos ante toda una declaración de intenciones. La banda sonora de "El álamo" (John Wayne, 1960), con la canción "The green leaves of summer", da comienzo a uno de los mayores homenajes al cine que se han hecho nunca.

Tras los créditos pasamos a una escena clásica: una casa en medio de la nada, un campesino y un individo vestido de negro que se acerca. Alguno ya lo habrá reconocido, pero se equivoca, no es Lee Van Cleeff en "El bueno, el feo y el malo" (Sergio Leone, 1966), a pesar de que la imagen sea un calco de aquella con la que empezaba el clásico del spaguetti. Se trata de el coronel de las SS Hans Landa, en palabras del propio Tarantino, "el mejor personaje de toda mi carrera", experto en perseguir judíos hasta el punto de ganarse el sobrenombre de "caza-judíos", un indivio que domina todas las lenguas, capaz de pasar de la mayor amabilidad a la cólera en cuestión de segundos, interpretado por Christoph Waltz en un papel que le ha valido el premio al mejor actor secundario en el pasado festival de Cannes.

A continuación seremos testigos de una escena típica del genio de Knoxville, a las que nos tiene tan acostumbrados desde que comenzara "Reservoir dogs" (Quentin Tarantino, 1992) con su monólogo sobre Madonna, una de esas conversaciones aparentemente insustanciales, largas hasta decir basta, más propias del teatro que del celuloide. Este diálogo, aparentemente inofensivo, recuerda, en un autohomenaje del propio Tarantino, a la llamada "escena siciliana" de "Amor a quemarropa" (Tony Scott, 1993, con guión del propio Tarantino), donde Christopher Walken y Dennis Hopper protagonizan otra conversación en la que, como ésta, la tensión va creciendo hasta estallar en una violencia con todo su esplendor, en el caso que nos ocupa, con guiño a "Centauros del desierto" (John Ford, 1956) incluido, en el momento en el que se desvela por fin si el campesino francés está ocultando o no a una familia de judíos, los Dreyfuss.

Acabamos de ser testigos de los mejores primeros veinte minutos de una película de Quentin Tarantino y de una escena que pasará a la historia del cine. Sin embargo, no se trata solo de eso, porque también hemos sido testigos de una de las claves de la película: el uso de varias lenguas (la escena comienza en francés para pasar al inglés, hecho que también tiene su importancia en la trama), lo que hubiera debido convertirla en una especia de galimatías lingüístico de no ser porque algún distribuidor debió de pensar que en España no sabemos leer, lo que les ha llevado a doblar partes de la película que no debieran haber sido dobladas, estropeando este efecto de torre de Babel.

Au revoir, Shoshanna!



4 comentarios:

abulico dijo...

La verdad es que tengo muchas ganas de verla, he oido buenos comentarios de ella.

Por cierto, sabes algo de la última peli de Campanella? tengo mucha curiosidad.

Un abrazo Auggie!!!!

Duncan de Gross dijo...

La veré este finde, buena y exhaustiva entrada ;-)

Auggie Wren dijo...

Pues si la véis pronto mejor, antes de que siga con la crítica y os despiece alguna parte del argumento. Espero que en otra entrada sobre la peli contéis qué os ha parecido.

Abúlico, no sé nada sobre la peli de Campanella, a parte de que tengo ganas de verla. ¿Por cierto, qué tal va el brazo?

Sláinte.

Anacleta dijo...

La razón por la cual no voy a cine aquí es precisamente porque son dobladas, no soporto ver a un actor que no es español diciendo "joder, me lo he cargado", cuando es una expresión exclusiva de este país.

Parece buena, la veré seguramente, pero en su versión original.

Gracias por el recomendado